Vaera -¿DIOS O UN CHOCONGO?
Por Jack Levy
Imagínate esto: vas manejando a tu casa después de una reunión con tus amigos, ya es de noche. Estás a unos metros de la cerrada de tu casa, cantando a tope "Losing My Religion" de R.E.M., sintiéndote el dueño del mundo. En eso, el radio hace un ruido extraño y, ¡pum! Se te aparece un ovni. Verdecito, con ojos saltones, bajando en un rayo de luz que te deja frío. El marciano se acerca y te dice: "Oye, todo lo que crees que es real es una simulación; tu verdadera misión empieza mañana, deja tus cadenas y camina".
Llegas a tu casa, ves a tu esposa cenando un cereal y, ¿qué haces? Nada. No le cuentas ni maíz. ¿Por qué? Porque si lo cuentas, aunque sea la persona más confiable del mundo, serás "el nuevo Jaime Maussán" para siempre. Pero por otro lado, sabes en tus entrañas que es real. Y si es real, tienes que moverte.
Así que prefieres aplicarte un gaslighting nivel experto. Te dices a ti mismo: "Seguro alguien me dio un chocongo", o le echas la culpa a un cigarro mal forjado que te compartió tu amigo, al cansancio o a la serie de Prime que viste ayer. Haces lo que sea necesario para "equilibrar" tu mente y volver a tu zona de confort. Porque estar loco es una tragedia, pero estar "llamado" es una responsabilidad. Y la neta, nos da pavor dejar de ser esclavos porque en la esclavitud no hay que tomar decisiones, solo hay que fabricar ladrillos.
Mírate al espejo: Faraón no está en Egipto, está en tu cabeza convenciéndote de que ese incendio que traes dentro es solo "indigestión".
tu lógica de cartón
En Vaera, Dios le suelta una bomba a Moisés que nos debería dejar temblando:
"Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso (El Shaddai), pero con mi nombre YHVH no me di a conocer a ellosÉxodo 6:3).
Traducción para los que no hablan "místico": Dios le está diciendo que antes se manifestaba a través de lo que "hace sentido", de las leyes de la naturaleza y de lo que puedes controlar y medir. Pero ahora, la cosa cambia. A partir de ahora se va a manifestar como YHVH: el Infinito puro, el que rompe la Matrix, el que une pasado, presente y futuro en un solo estado de posibilidad. Es el Dios que no pide permiso a la física para hacer lo que quiera hacer.
¿Y qué hizo Moisés? Fue con los esclavos y les gritó:
"¡Brothers el OVNI es real, se acabó la chamba en la fábrica de ladrillos, ya llegó la libertad!".
¿Y qué hicieron ellos? Nada. No escucharon. La Torá dice que tenían Kotzer Ruaj (espíritu acortado). Estaban tan acostumbrados al látigo, tan "cuerdos" en su miseria, que la idea de un Infinito sin cadenas les pareció un mal viaje. Prefirieron creer que Moisés se había echado un "chocongo" antes que aceptar que era hora de empacar. A veces, el alma se encoge tanto que ya no le cabe la esperanza.
Mientras tanto, Faraón —que no es un tipo en Egipto, sino tu Ego con corona y un pésimo sentido del humor— endurece su corazón. Cada plaga es un periodicazo en el hocico para recordarle que su "orden" es un chiste, pero el Faraón prefiere que se le muera el ganado y se le llene la cama de ranas antes que admitir que hay una Voz más grande que le quiere quitar su preciado gobierno.
Es más fácil ser un esclavo con horario que un libre con incertidumbre.
La arquitectura de tu propia cárcel
Ese "espíritu acortado" de los esclavos y la necedad de Faraón no son eventos históricos; son el mapa de tu mente. No escuchamos la voz del "ovni" no porque sea falsa, sino porque nuestra estructura actual no tiene espacio para lo Infinito. Y aquí es donde entramos al núcleo del problema: Todo parte del Infinito, pero para que algo sea real en este mundo, tiene que dejar de serlo todo. Tiene que limitarse.
Existir implica elegir, y elegir implica dejar cosas fuera. Por eso ser finitos implica ser imperfectos. Tu imperfección no es un error de sistema, es la condición básica de toda forma. Si fueras perfecto, serías Dios, y Dios ya existe. Él te necesita a ti, con tus bordes y tus grietas, para que Su luz tenga un recipiente donde aterrizar y tomar una forma única. Pero ojo, los límites existen, pero no todos pesan igual:
En el nivel físico (Egipto): Los límites son duros: el cuerpo, el dolor, el reloj. Aquí la imperfección se siente como sufrimiento.
En el nivel de conciencia (La Zarza): Los límites se vuelven flexibles. Puedes amar, recordar y sentir presencia incluso sin contacto físico. Cuanto más alto el nivel de realidad, más amplia es la experiencia.
La Torá no vino a cerrar la realidad, vino a abrirla. Lo revelado no es la verdad final, es una excusa para buscar lo oculto. Por eso, cuestionar y pensar no te aleja del Infinito: lo revela. Incluso quien investiga sin fe puede acercarse más que quien cree sin cuestionar, porque el primero está usando su libertad para buscar el origen.
Recuerda siempre: si te sometes a Maljut (tus miedos, tu lógica), él gobierna sobre ti. Si te sometes al Infinito, la realidad se dobla. Al final del día, la regla es absoluta: LO QUE CREAS, CREAS.
La imperfección no es un defecto; es el envase que permite que tu luz no se desparrame.
No te engañes. Dios no necesita que seas perfecto; necesita que dejes de fingir que no ves. El Infinito no dejó de manifestarse cuando se terminó de escribir la Torá; se te está manifestando ahorita mismo en esa gastritis que te quema el pecho, en esa inconformidad que no se quita con omeprazol, ni compras, ni likes.
Moisés no tenía respuestas, solo tenía la voz de Dios. Y eso fue suficiente para doblarle la mano al imperio más poderoso de la tierra.
Deja de pedirle perdón al mundo por tener un incendio por dentro. Deja de diagnosticarte para no transformarte. O le haces caso al Faraón, o le haces caso al Dios de tu alma. Lo que viste en la carretera de tu vida, lo viste. Lo que escuchaste en el silencio, lo escuchaste.
Ahí estás tú, de nuevo en la esquina, en el reflector, perdiendo tu religión, soltando tus dogmas y tus excusas. Porque una vez que ves el rayo de luz, ya no puedes volver a fabricar ladrillos.
No fue un chocongo. Fue tu alma despertando. Ahora, ¿qué carajos vas a hacer con eso?



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